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dilluns, 3 de gener del 2011

Lo que se encuentra en el presente

He aquí un vídeo que, quizá, os hará pensar sobre lo que nos estamos perdiendo cuando nos enfrascamos en tareas improductivas e inconscientes.



Me ha recordado a una fotografía que tomé en una fiesta de pueblo, que se celebraba dentro de una carpa llena de mesas. En la imagen aparecen cuatro niños, de unos 7 a 12 años, sentados en un mismo banco de una mesa, por orden de más alto a más bajito (algo que profería un efecto curioso). Mientras sus padres bailaban, bebían y se divertían en compañía, ellos estaban absortos mirando, cada uno, una pantalla de su aparato electrónico (un móvil, un Ipod, una consola...), sin comunicarse en absoluto los unos con los otros. Esto me hizo evocar mi infancia, más poblada por juegos colectivos y sin tantas pantallas. Y lamenté la omnipresente proliferación de tecnologías que apartan a los más jóvenes de la amistad, del compañerismo y del juego tradicional.

Subiría la foto, pero no la hice con mi cámara y, además, no es ético publicar fotografías de niños sin autorización. De todos modos, pienso que la escena es bastante fácil de imaginar (además, muchos de vosotros habréis visto algunas similares).

Que lo disfrutéis!

dimecres, 8 de desembre del 2010

El matrimonio y el pan

Érase una vez un matrimonio. Desde que se casaron y comenzaron a vivir bajo el mismo techo, mantuvieron el hábito de comer y cenar juntos aunque les fuera difícil hacer coincidir sus horarios.
Cada vez que se sentaban a la mesa, el marido cogía la barra de pan y la partía en tres trozos. Él se quedaba los picos y le daba el medio a la mujer. "Se queda los picos porque están mejores", pensaba ella. Pero no le decía nada. 
Pasaban los años y el marido continuaba con la vieja costumbre de partir el pan el tres trozos, quedarse los picos y darle el centro a su mujer. En menos que canta un gallo se plantaron en los cincuenta años de casados, y el matrimonio se vio celebrando sus bodas de oro.
 "Hoy es el día en que me dará los picos del pan", se dijo la mujer. Llegó la hora de la comida y, bajo la disimulada mirada de su esposa, el marido tomó el pan entre sus manos. Como siempre, lo partió en tres trozos. La mujer estaba convencida de que, esta vez, los picos serían para ella...
Y sin embargo su marido repitió la misma rutina de siempre: se quedó con los picos y le cedió el medio del pan a ella. "Hombre, en el día de nuestras bodas de oro ya podrías haberme dado a mí los picos, ¿no?", preguntó la mujer, dolida.
Entonces él la miró, desconcertado. Mudo, le pasó los picos del pan arrastrándolos lentamente sobre el mantel. Al cabo de unos segundos, el marido musitó: "Durante todos estos años te he estado dando la parte del medio porque era la que más me gustaba". 
¿Interpretar o corroborar? ¿Callar o comunicarse?

(La fuente de este cuento es desconocida. Agradezco a mi madre que me lo haya contado).

dimarts, 30 de novembre del 2010

La Programación Neurolingüística

Conocí la Programación Neurolingüística hace poco más de un año. Bueno, en realidad eso no es del todo cierto. La primera vez que oí sobre la Programación Neurolingüística (PNL) fue hace unos diez años, cuando mi madre se apuntó a un curso que le ocupaba un fin de semana al mes y en el que, según me dijo, iba a aprender técnicas de hipnosis (algo que, para mí en esa época, sonaba fascinante, y que ahora he podido corroborar que lo es). Ella quedó impresionada con la formación y, cuando me hice más mayor, me recomendó encarecidamente que yo también la siguiera. Actualmente estoy cursando el segundo curso de PNL (el primero fue el Practitioner; éste, el Master) en l'Escola de Vida, con la fantástica profesora María Clavel.

Siempre aconsejaré a cualquier persona los cursos de PNL o, al menos, la lectura de libros que desarrollen sus enseñanzas. De hecho, si yo fuera ministra de educación ordenaría la creación de una asignatura en el colegio o en el instituto que se dedicara a enseñar PNL. Si el primer curso ya me ayudó a crecer personalmente y a cambiar mi visión del mundo que me rodea, el segundo está suponiendo para mí una auténtica revelación. La PNL es un arte que aglutina muchísimas vertientes de la vida: la comunicación, la educación, la autoestima... y la vida misma. La PNL enseña a vivir conscientemente y con excelencia.



¿Y qué es la PNL? 

    La PNL puede definirse de múltiples maneras. Esta descripción lo hace muy adecuadamente:

    La PNL es el estudio de la estructura de la experiencia subjetiva.

    ¿Qué quiere decir eso? Voy a explicarlo por fases. Empezaré diciéndoos que la PNL se asienta sobre algunas presuposiciones que describen cómo nos comunicamos y nos capacitan para practicar el modelo de comunicación penelístico. Algunas de las presuposiciones son éstas:

    • La naturaleza del universo es el cambio.
    • Nuestras conductas siempre tienen una intención positiva.
    • Las personas siempre realizan la mejor elección posible en el momento de su decisión y para ello se basan en los recursos entonces disponibles.
    • El mapa no es el territorio. Nuestra representación interna del mundo no es el mundo mismo, sino únicamente una representación reducida. Actuamos basándonos no en lo que nos ocurre, sino en nuestra percepción de lo que nos ocurre. Cada persona desarrolla su propio mapa a partir de lo que interpreta de lo que sucede.
    No hay hechos, sólo interpretaciones. (Nietzsche)
    • No existe nada bueno ni malo intrínsecamente, es el pensamiento el que lo hace tal. 
    • Es imposible no comunicarse.
    • El 93% de la comunicación es no verbal.
    • Nos comunicamos desde dos niveles: consciente e inconsciente.
    • La resistencia del otro para comprendernos indica nuestra inflexibilidad como comunicadores. La flexibilidad es indispensable para sentirse seguro en las relaciones.
    • Cada uno está a cargo de su mente y, por tanto, de sus resultados.
    La experiencia subjetiva de la que hablaba antes es la percepción que cada uno de nosotros tiene del mundo. La PNL ayuda a quien la practica a ampliar su visión del mundo, a aumentar sus niveles de percepción y a establecer más conexiones neuronales que faciliten el pensamiento y la agilidad mental. 
    Un mapa no es el territorio que representa, pero cuanto más rica y correcta sea esta representación su estructura se asemejará más al territorio y éste nos mostrará más opciones para movernos en él. (Alfred Korzybski)
    Asimismo, la PNL estudia la estructura del lenguaje y la manera en que lo utilizamos para comunicarnos con los demás y con nosotros mismos. Para ello utiliza herramientas como el metamodelo del lenguaje (del que hablaré en posteriores entradas) y las submodalidades, que son maneras preferidas por los hablantes para comunicarse y que dan información sobre qué canal perceptivo explotan más: el visual, el auditivo o el cinestésico.

    Para entender mejor las diferentes funciones de la PNL, dividiré el término en sus partes y adjuntaré sus respectivas explicaciones:

    1. Programación: se refiere a nuestros hábitos y pautas de comportamiento. Nuestros programas se configuran por patrones de pensamiento y conducta en los que influyen nuestras creencias y valores. Dependiendo de nuestros programas obtendremos unos u otros resultados. La PNL reprograma nuestra mente para alcanzar el éxito en cualquier objetivo que nos propongamos.
    2. Neuro: hace referencia a nuestra neurología, a nuestros sentidos y a la forma en la que los utilizamos. La PNL propone un incremento de la conciencia sobre nuestro sistema neurológico para que podamos gestionar mejor la manera en que la información del territorio llega a nosotros y queda archivada en nuestra memoria.
    3. Lingüística: la forma en que utilizamos el lenguaje es muy importante, más de lo que podamos creer a veces. La PNL se centra en gran medida en aumentar la conciencia sobre las palabras que empleamos para describir nuestra experiencia subjetiva. Además, observando el lenguaje de las personas podemos obtener información muy valiosa sobre sus procesos de pensamiento y sobre sus creencias, valores y comportamientos habituales.
    Los fallos de la comunicación suelen producirse porque las palabras tienen distintos significados para las distintas personas.
    Aunque la PNL es una disciplina que lleva desarrollándose casi cuarenta años, ha sido en los últimos cuando ha adquirido mayor reconocimiento y prestigio. Un curso de PNL en el currículum supone un valor añadido a cualquier carrera. Las empresas contratan a formadores de PNL para aumentar el rendimiento de sus empleados y dotarles de herramientas más eficaces de comunicación. Y, sobre todo, muchísimas personas interesadas en el desarrollo personal acuden a la PNL para mejorar sus habilidades sociales, comunicativas, financieras... y de todo tipo.

    La PNL te hace consciente de que eres el responsable de TODO lo que sucede en tu vida. Ésta es una información que mucha gente preferiría no saber, ya que en cuanto saben esto la queja y el echar la culpa a los demás deja de tener sentido. Sin embargo, con el tiempo es liberador: significa que dispones de todas las herramientas para cambiar, porque no dependes de circunstancias externas. Tú eres quien evalúa, gestiona y soluciona cualquier situación, y ya que lo vas a hacer de todas formas, ¿por qué no conscientemente?

    Son tus decisiones, y no tus circunstancias, las que determinan tu propio destino. (Anthony Robbins)

    Para acabar, un vídeo que ayuda a comprender un poco más qué es esto de la PNL (apunto que no estoy del todo de acuerdo con lo que dice Elvira García, la protagonista del documento, sobre que la PNL es un "sistema terapéutico": no es sólo eso).



    Iré escribiendo más sobre PNL, porque sé que es un modelo magnífico para guiar nuestras vidas y mantenernos en el camino de la mejora constante. Además, es muy divertida y útil y, aprendiéndola, puedes conseguir que la vida sea una aventura y un descubrimiento continuo.

    Hasta la próxima!


    dimarts, 16 de novembre del 2010

    Análisis Transaccional, primera parte

    Todos nacemos príncipes y princesas. Todos tenemos un cierto potencial humano que podemos desarrollar. Yo soy responsable de mi vida y decido, para bien o para mal, lo que es bueno para mí y lo que hago con ella. (Eric Berne)
    Estas palabras, pronunciadas por Eric Berne, psiquiatra estadounidense del Análisis Transaccional, me sirven para empezar esta entrada con una reflexión. ¿Quién es el creador de tu vida? ¿Tienen otras personas el poder de cambiar la orientación de tus objetivos? ¿Cómo afectan los mensajes del entorno a tus reacciones y a tu comportamiento?

    Según Roberto Kertész, prestigioso analista transaccional argentino, el Análisis Transaccional es "por una parte, una teoría de la psicología individual y social y, por otra, una filosofía de vida, una toma de posición en cuanto al ser humano, y un conjunto de técnicas de cambio positivo".

    Aunque se le suele asociar al Psicoanálisis freudiano, Eric Berne siempre defendió la independencia escolástica de su sistema. A diferencia del Psicoanálisis, que estudia la psique humana, el Análisis Transaccional se centra en el análisis de las transacciones, es decir, los intercambios de estímulas y respuestas entre individuos. A Berne le interesaba lo social más que lo individual, si bien su modelo se ha utilizado y se utiliza para acelerar el desarrollo personal de mucha gente.

    Una de las principales características del Análisis Transaccional es que es diagramable: sus conceptos teóricos pueden representarse mediante gráficos sencillos, como éstos:


    En este diagrama quedan representadas las que, según el Análisis Transaccional (AT), son los tres estados del Yo: el Padre, el Adulto y el Niño. Todos ellos, en mayor o menor medida y dependiendo del contexto, configuran la personalidad de cada uno de nosotros.

    • El Padre: contiene las normas, valores y modelos de conducta que hemos aprendido o adquirido a lo largo de nuestra vida. Nos indica lo que debemos hacer. Puede ser crítico (órdenes como "ponte a estudiar", refranes y tradiciones como "la letra con sangre entra") o nutritivo ("voy a prepararte un vaso de leche", "ya lo hago yo, que tú no sabes").
    • El Adulto: el adulto analiza sin que las emociones intervengan, es racional y responde al estímulo de forma objetiva y mecánica. Sabe lo que le conviene y saca posibilidades de solución de cada problema.
    • El Niño: una persona actúa desde su niño cuando piensa, siente, habla o actúa como lo hacía en su niñez. El niño hace lo que quiere, lo que le gusta. Puede ser libre cuando actúa desde la espontaneidad; sumiso cuando obedece o cuando se le desvaloriza y rebelde cuando desafía, provoca o compite.

    Es importante que conozcamos las partes de nuestro Yo para reconocer desde qué estado salimos en cada situación y para adquirir mayores habilidades de respuesta. El AT nos ayuda a darnos cuenta de los canales que utilizamos normalmente para comunicarnos con los demás, y nos facilita el "salir del embrollo" cuando nos encontramos atrapados en una comunicación infructuosa.

    El AT ha analizado dos de las prácticas comunicativas más comunes: la exclusión y la contaminación. En la primera, una o varias partes del Yo está anulada y solapada por las restantes. Por ejemplo, alguien que pierde de vista al Adulto y al Niño criticará constantemente desde el Padre Crítico, o bien se obcecará en sobreproteger a terceros. En la contaminación, cierta información proveniente del Padre o del Niño se cuela en el Adulto y éste pretende defenderla mediante criterios seudocientíficos. Una contaminación del Padre sería, por ejemplo, "no quiero mezclarme con negros porque son inferiores a mí": el Adulto no se preocupa de analizar esta frase y la argumenta con discursos propios del colonialismo. En cambio, decir "nací con mala suerte" demuestra una contaminación desde el Niño: es una superstición.

    Si somos conscientes de cada posición del Yo y aprendemos a utilizarlas todas, podremos dirigirnos a la parte del Yo del otro que nos interese. Además, sabremos desde qué posición nos están hablando los demás y seremos capaces de dirigir la comunicación para que beneficie a todos los participantes.

    Es imposible no comunicarse.

    Las transacciones  son el flujo de la comunicación, y se producen tanto a nivel explícito (verbal y no verbal) como psicológico. Hay muchos tipos de transacciones: por ejemplo, en la transacción simple complementaria un estado emite un estímulo, que el interlocutor responde desde el mismo estado y que se recibe por el estado que la envió. Para verlo más claro, un diagrama:

    En la transacción ulterior angular hay manipulación: el emisor dice algo que la parte inconsciente del receptor lee de manera que su respuesta, que debería provenir del estado que ha sido apelado, llegará de una tercera posición:

    Imaginad que en este último diagrama el sujeto A está viendo como el sujeto B devora un sándwich del que rebosa el queso, la mantequilla y el jamón de york. Su Niño pronuncia: "Qué buena pinta tiene tu sándwich". El estímulo social se dirige al Niño del otro, pero el estímulo psicológico viaja directamente al Padre del sujeto B; le está diciendo: "Dame un poco". El Padre Nutritivo le dará, así, la mitad del bocadillo.

    La respuesta del sujeto B desde su Niño habría sido continuar comiéndose su sándwich de forma impasible y dejar al sujeto A con la baba goteando.

    Como resumen de esta entrada cuya información ampliaré en posteriores entregas, un vídeo explicativo:



    También he encontrado un vídeo interesante que analiza los estados del Yo en relación al maltrato a la mujer: