Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá... ¿Y qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que es, como tú, una maravilla? Debes trabajar -como todos debemos trabajar- para hacer el mundo digno de tus hijos.
Pau Casals
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dimarts, 25 de gener del 2011
dilluns, 3 de gener del 2011
Lo que se encuentra en el presente
He aquí un vídeo que, quizá, os hará pensar sobre lo que nos estamos perdiendo cuando nos enfrascamos en tareas improductivas e inconscientes.
Me ha recordado a una fotografía que tomé en una fiesta de pueblo, que se celebraba dentro de una carpa llena de mesas. En la imagen aparecen cuatro niños, de unos 7 a 12 años, sentados en un mismo banco de una mesa, por orden de más alto a más bajito (algo que profería un efecto curioso). Mientras sus padres bailaban, bebían y se divertían en compañía, ellos estaban absortos mirando, cada uno, una pantalla de su aparato electrónico (un móvil, un Ipod, una consola...), sin comunicarse en absoluto los unos con los otros. Esto me hizo evocar mi infancia, más poblada por juegos colectivos y sin tantas pantallas. Y lamenté la omnipresente proliferación de tecnologías que apartan a los más jóvenes de la amistad, del compañerismo y del juego tradicional.
Subiría la foto, pero no la hice con mi cámara y, además, no es ético publicar fotografías de niños sin autorización. De todos modos, pienso que la escena es bastante fácil de imaginar (además, muchos de vosotros habréis visto algunas similares).
Que lo disfrutéis!
Me ha recordado a una fotografía que tomé en una fiesta de pueblo, que se celebraba dentro de una carpa llena de mesas. En la imagen aparecen cuatro niños, de unos 7 a 12 años, sentados en un mismo banco de una mesa, por orden de más alto a más bajito (algo que profería un efecto curioso). Mientras sus padres bailaban, bebían y se divertían en compañía, ellos estaban absortos mirando, cada uno, una pantalla de su aparato electrónico (un móvil, un Ipod, una consola...), sin comunicarse en absoluto los unos con los otros. Esto me hizo evocar mi infancia, más poblada por juegos colectivos y sin tantas pantallas. Y lamenté la omnipresente proliferación de tecnologías que apartan a los más jóvenes de la amistad, del compañerismo y del juego tradicional.
Subiría la foto, pero no la hice con mi cámara y, además, no es ético publicar fotografías de niños sin autorización. De todos modos, pienso que la escena es bastante fácil de imaginar (además, muchos de vosotros habréis visto algunas similares).
Que lo disfrutéis!
dilluns, 6 de desembre del 2010
Las condiciones de la gestación pueden condicionarnos de por vida
Como dije en una de mis últimas entradas, se ha comprobado científicamente que la configuración genética de las personas comienza a formarse durante la etapa que pasamos en el útero materno. Las investigaciones sobre la influencia que pueden tener las emociones de los padres en el feto han comenzado hace relativamente pocos años, y todavía necesitan tiempo y recursos para continuar dando frutos.
Eduard Punset se ocupó en su programa Redes de los descubrimientos realizados en este campo. A finales de 2009 entrevistó a la psicobióloga británica Vivette Glover, cuyas indagaciones nos han brindado conclusiones sorprendentes.
Dicho encuentro se refleja en el programa número 40 de Redes, "Educación emocional desde el útero materno". Vale la pena dedicarle media hora de nuestra vida.
Aquí van las ideas principales del documental:
Desde luego, un tema muy interesante. Estoy ansiosa por que los científicos sigan echando luz sobre él.
Cada vez son más las pruebas que demuestran que las condiciones del útero tienen tanta importancia como los genes a la hora de determinar cuál será el desarrollo mental y físico durante la vida. (Peter Nathanielsz)
Eduard Punset se ocupó en su programa Redes de los descubrimientos realizados en este campo. A finales de 2009 entrevistó a la psicobióloga británica Vivette Glover, cuyas indagaciones nos han brindado conclusiones sorprendentes.
Dicho encuentro se refleja en el programa número 40 de Redes, "Educación emocional desde el útero materno". Vale la pena dedicarle media hora de nuestra vida.
Aquí van las ideas principales del documental:
- Como señalan las últimas investigaciones, el medio determina nuestro código genético y, al principio, ese medio es nuestra madre.
- Si desde hace tiempo sabemos que los malos hábitos de la madre (tabaquismo, alcoholismo o una incorrecta alimentación) pueden afectar al desarrollo sano del bebé, ahora descubrimos que, a esos factores, se le añaden las emociones tanto de la madre como del padre. La ansiedad o la depresión de la madre aumentan los niveles de cortisol, una hormona que, en grandes cantidades, puede llegar a atravesar la placenta y estresar también al bebé. ¿Y qué tiene que ver el padre? Pues mucho, al contrario de lo que antes se creía. Su estado emocional puede afectar al estado de la madre, y éste influirá en el niño.
- El hecho de que la madre o el padre estén ansiosos o deprimidos mientras la mujer está embarazada afectará al niño durante toda su vida. La ansiedad o la depresión de los padres podría multiplicar por 2 el nivel de hiperactividad del niño. Otros trastornos que estos niños tienen más posibilidades de desarrollar son algunos problemas cognitivos y déficit de atención.
- ¿Cuál es el parto menos estresante para el bebé? Según Vivette Glover, el parto por cesárea voluntaria o planificada. El parto con aspiradora es el más estresante, y el parto vaginal normal se encuentra entre los dos anteriores.
Desde luego, un tema muy interesante. Estoy ansiosa por que los científicos sigan echando luz sobre él.
dissabte, 4 de desembre del 2010
Libertad de elección
A un reportero le encargaron hacer un reportaje sobre un hombre que había sido condenado a cadena perpetua por cometer varios delitos, entre ellos el asesinato.
El preso había tenido dos hijos, nacidos con apenas once meses de diferencia. Uno creció siguiendo los pasos de su padre: delinquió constantemente y su vida se redujo a entrar y salir de la prisión una y otra vez. El otro fue, de pequeño, un niño normal, y de mayor consiguió ser exitoso en su trabajo y en su vida familiar: educó a sus hijos con conocimiento y juicio.
El reportero decidió entrevistar a los dos hijos del condenado para que dieran sus respectivas visiones sobre su padre. Así, preguntó a los dos hermanos, en privado y sin que supieran que también le había preguntado al otro: "¿Por qué ha dirigido su vida por ese camino?".
Sorprendentemente, ambos contestaron lo mismo:
"¿En qué otra persona me hubiera podido convertir, después de haber crecido con un padre como el mío?"
dimarts, 23 de novembre del 2010
La importancia de agradecer
Recuerdo cuando era pequeña y deseaba ser mayor. Tenía ansias por crecer, ser independiente y hacer lo que me diera la gana sin dar explicaciones a nadie. Veía a los mayores como seres libres y despreocupados, que conducían su vida como les placía.
Mi momento de crecer y de ser adulta llegó hace ya unos años, aunque no ha sido hasta hace algunos meses cuando he comenzado a experimentarlo más intensamente. Me he ido a vivir a una casa en la que no están ni mi madre ni mi padre, así que me he convertido en la encargada de una serie de tareas que antes ni olía: ahora cocino, limpio y me pago mis caprichos (para lo cual he tenido que trabajar, ahorrar y seguir trabajando ahora, de vez en cuando). Estoy segura de que no es casualidad que, desde hace unas semanas, eche de menos mi infancia y todo lo que ésta comportaba.
Añoro la despreocupación (sí, la misma que se suponía que caracterizaba a los adultos), la falta de obligaciones y de planificación, el delegar cada decisión en mis padres... Por otra parte, me recrimino inconscientemente no haber sabido valorar del todo la infancia cuando la estaba atravesando. Aunque sé que es difícil, me habría gustado ser más consciente, en ese momento, de que estaba pasando por una etapa dulce y que nunca volvería.
Entonces... ¿no me convendría ser consciente ahora de lo que estoy viviendo? ¿No sería bueno para mí vivir el presente, sin echar de menos lo pasado ni anhelar un futuro todavía incierto? Está claro que no puedo volver a ser una niña y, con lo que sé ahora, volver a vivir mi infancia de manera, si no más plena, más consciente. Sin embargo, sí que puedo aprender a disfrutar totalmente de mi vida presente: puedo aprender a valorar lo que tengo en estos momentos.
Lo único que tenemos es el momento presente. Como me ha dicho hoy una amiga, momento presente, momento maravilloso. Es común en las personas valorar algo cuando ya ha pasado. Para mí, un gran ejemplo son los viajes. Cuando estoy viajando disfruto muchísimo de lo que veo y de lo que oigo, y me da igual recorrerme calles y calles sin apenas descansar: no noto el cansancio hasta que llego a casa, días después, y la fatiga acumulada me sobreviene. Viajar es, para mí, un placer insustituible. Sin embargo, me he dado cuenta de que el recuerdo de cada viaje es mucho más hermoso que la experiencia misma: ver fotos y rememorar anécdotas ocurridas durante ellos me hace valorar verdaderamente cada momento del periplo. Por lo general, pienso que valoramos más lo pasado, incluso lo futuro, que lo que nos ocupa en el presente.
Agradecer lo que tenemos ahora en lugar de machacarnos la cabeza echando de menos lo que ya sólo es recuerdo nos conecta con el presente y nos facilita la labor de valorar cada segundo de nuestra existencia.
Yo ya he comenzado a hacer los deberes. Mi lista de hoy, 23 de noviembre de 2010, es ésta:
Mi momento de crecer y de ser adulta llegó hace ya unos años, aunque no ha sido hasta hace algunos meses cuando he comenzado a experimentarlo más intensamente. Me he ido a vivir a una casa en la que no están ni mi madre ni mi padre, así que me he convertido en la encargada de una serie de tareas que antes ni olía: ahora cocino, limpio y me pago mis caprichos (para lo cual he tenido que trabajar, ahorrar y seguir trabajando ahora, de vez en cuando). Estoy segura de que no es casualidad que, desde hace unas semanas, eche de menos mi infancia y todo lo que ésta comportaba.
Añoro la despreocupación (sí, la misma que se suponía que caracterizaba a los adultos), la falta de obligaciones y de planificación, el delegar cada decisión en mis padres... Por otra parte, me recrimino inconscientemente no haber sabido valorar del todo la infancia cuando la estaba atravesando. Aunque sé que es difícil, me habría gustado ser más consciente, en ese momento, de que estaba pasando por una etapa dulce y que nunca volvería.
Entonces... ¿no me convendría ser consciente ahora de lo que estoy viviendo? ¿No sería bueno para mí vivir el presente, sin echar de menos lo pasado ni anhelar un futuro todavía incierto? Está claro que no puedo volver a ser una niña y, con lo que sé ahora, volver a vivir mi infancia de manera, si no más plena, más consciente. Sin embargo, sí que puedo aprender a disfrutar totalmente de mi vida presente: puedo aprender a valorar lo que tengo en estos momentos.
Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros. (Jean de la Bruyère)Los humanos hemos adquirido la costumbre de perdernos en reflexiones sobre el pasado y de tramar planes para el futuro. Las más de las veces, incluso, no somos conscientes de que estamos dando vueltas una y otra vez a los mismos temas sin sacar conclusiones valiosas o enseñanzas útiles. Como dice la sentencia popular, lo hecho, hecho está: exprimir experiencias pasadas no sirve para nada si no obtenemos, con ello, una ganancia positiva (porque también hay ganancias negativas).
Lo único que tenemos es el momento presente. Como me ha dicho hoy una amiga, momento presente, momento maravilloso. Es común en las personas valorar algo cuando ya ha pasado. Para mí, un gran ejemplo son los viajes. Cuando estoy viajando disfruto muchísimo de lo que veo y de lo que oigo, y me da igual recorrerme calles y calles sin apenas descansar: no noto el cansancio hasta que llego a casa, días después, y la fatiga acumulada me sobreviene. Viajar es, para mí, un placer insustituible. Sin embargo, me he dado cuenta de que el recuerdo de cada viaje es mucho más hermoso que la experiencia misma: ver fotos y rememorar anécdotas ocurridas durante ellos me hace valorar verdaderamente cada momento del periplo. Por lo general, pienso que valoramos más lo pasado, incluso lo futuro, que lo que nos ocupa en el presente.
Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo. (Proverbio árabe)La mala noticia es que el camino para centrarse en el presente y valorar lo que tenemos no es ni rápido ni sencillo. La buena es que hay muchísimas maneras de emprenderlo y de llegar al final (si es que lo hay). Un ejercicio fácil, bonito y que nos ayuda a tomar conciencia es el siguiente:
- En una pequeña libreta que te guste, escribe cada día -o, al menos, cuatro días a la semana- cinco cosas que agradezcas. Pueden ser relativas tanto a ti mismo, como a los demás, como a la vida. Por ejemplo, puedes agradecerte a ti mismo haber aprobado un examen, o tener la capacidad para haberlo aprobado. También puedes agradecer a tu pareja el mensaje que te ha enviado para desearte los buenos días (recuerda que la libreta es para ti y nadie más va a leerla a menos que tú quieras, pero sólo el hecho de agradecer algo por escrito ya te hace más consciente y más hábil en la valoración). Por último, puedes agradecer a la vida el haber diseñado el árbol que te ha dado sombra esta tarde mientras esperabas a coger el autobús.
Agradecer lo que tenemos ahora en lugar de machacarnos la cabeza echando de menos lo que ya sólo es recuerdo nos conecta con el presente y nos facilita la labor de valorar cada segundo de nuestra existencia.
Yo ya he comenzado a hacer los deberes. Mi lista de hoy, 23 de noviembre de 2010, es ésta:
- Agradezco la libertad que me da vivir independiente.
- Agradezco tener amigos que cuentan conmigo cuando hacen planes.
- Agradezco poder estudiar una carrera.
- Agradezco tener dinero para poder comer cada día.
- Agradezco disponer de una bicicleta con la que poder desplazarme.
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